sábado, 2 de noviembre de 2019

Beneficios de la práctica de la natación.

La práctica del deporte de la natación tiene una serie de ventajas. Algunas de ellas son intrínsecas a la práctica de cualquier deporte, pero otras son específicas de la natación en sí.
En este artículo, os resumo algunas de las que me han parecido más interesantes, según muchos artículos que he ido leyendo en estos años, a lo que he querido sumar mi punto de vista, tras todos estos años nadando. Aquí os lo dejo, espero que os guste y os sea entretenido.

La natación es un deporte de “bajo impacto”, un deporte de los que llamamos “eficiente”. Y es uno de los pocos ejercicios físicos que benefician al cuerpo globalmente ya que potencia la fuerza, la resistencia y la flexibilidad al mismo tiempo.
Utiliza la mayoría de los grupos musculares y ayuda a mantener flexibles las articulaciones, especialmente el cuello, los hombros, y la pelvis.
Es un deporte que tiene un bajo desgaste osteomuscular y articular, algo que hace que el riesgo de lesiones sea bajo. Pero a la vez es un deporte que trabaja mucho el sistema cardiovascular y respiratorio. Si lo comparamos con el correr por ejemplo, un deporte que también trabaja mucho el sistema cardiovascular y respiratorio, aquí el impacto sobre nuestras articulaciones se multiplica, al igual que el riesgo de sufrir lesiones o sobrecargas.
Otra gran ventaja es que en el agua, nuestros músculos trabajan con mayor resistencia al movimiento (trabajan de 5 a 6 veces más que fuera del agua), pero todo esto sin impacto. Así que la natación nos permite ejercitar las articulaciones, aumentando su rango de movimientos y su flexibilidad (por eso se utiliza en fisioterapia para comenzar a recuperar la movilidad en articulaciones inmóviles tras una rotura por ejemplo). Además es un deporte inmejorable para la espalda, ya que ayuda a aumentar la flexibilidad de la columna, lo que hace que se eliminen muchos “dolores típicos de la espalda”.
En el agua, el peso de una persona es aproximadamente el 10% de su peso normal, y el margen de movilidad es mucho mayor. Esto es una enorme ventaja para las personas que tienen limitada su movilidad ya que el agua soporta el peso de los miembros. Así es ideal para las embarazadas, los que sufren artritis, o para quienes padecen problemas de espalda y de peso.
Practicar la natación tiene muchas ventajas para las personas mayores, ya que aparte de mantener la fuerza física, les ayuda a mejorar la coordinación motora y la reducción del riesgo de sufrir caídas y roturas de caderas.

La natación ayuda a nuestro sistema cardiovascular. Cuando estamos nadando, nuestro corazón trabaja muy cómodo si lo comparamos con cómo lo hace al estar practicando otros deportes.
Al nadar estamos en una posición horizontal, que hace que la sangre pueda circular de punta a punta, y distribuirse uniformemente por todo el organismo con menor esfuerzo que cuando estamos de pie, por la acción de la gravedad.
Además trabajamos sobre todo la parte superior del cuerpo, que está más cerca del corazón; con lo que este se debe esforzar menos que en otras situaciones, para mandar la sangre a los músculos que estamos ejercitando.
Pero al nadar, estamos además dentro del agua, lo que hace que la gravedad no esté actuando sobre nosotros (estamos flotando). Esto hace que nuestras sangre circule por el sistema cardiocirculatorio sin un sobre esfuerzo.
Además al estar el cuerpo sumergido en el agua, se produce una expansión del corazón, aumentándose el gasto cardiaco (el volumen de sangre que se manda a los músculos, en torno a un 10-20% más que por ejemplo cuando corremos).
Otro beneficio, es que al estar dentro del agua se está refrescando la piel, lo que hace que no sea necesario que la esté refrigerando la sangre, así esta puede desviarse hacia el corazón.
Por último, al nadar la composición de la sangre aumenta sus hematíes, lo que resulta en un aumento del hematocrito, lo que trae una mejora del consumo de oxígeno y del rendimiento deportivo. Aunque esto no es único de la natación, y ocurre en muchos otros deportes de resistencia, como el ciclismo, correr, etc.
Todo esto está avalado por múltiples estudios. Uno curioso fue uno que se realizó en Reino Unido, sobre los hábitos deportivos de 80.000 británicos durante 9 años, que arrojó que la natación es uno de los deportes que reduce en mayor porcentaje el riesgo de morir de un infarto.

La natación también ayuda a nuestro sistema respiratorio.
Cuando nos metemos en el agua, al no ser peces, los humanos estamos realizando la respiración en condiciones adversas. Para inspirar, tenemos que sacar la cabeza del agua. Pero para espirar (que fuera del agua es una acción “pasiva” y sale sin esfuerzo), al hacerlo dentro del agua, tenemos que superar la resistencia de este; el nadador tiene que soplar activamente para expulsar el aire. Este esfuerzo extra, simplemente para poder respirar, hace que la natación sea el medio más efectivo para potenciar la musculatura respiratoria y la capacidad pulmonar.
El nadador llega a respirar de una manera más eficiente, tanto fuera como dentro del agua. Su frecuencia respiratoria se reduce porque aumenta la profundidad de cada respiración. De ahí la “gran caja torácica” que delata a los nadadores.

Es un deporte ideal para trabajar a la vez cuerpo y mente.
Ya se ha demostrado que nadar puede tener unos efectos hipnóticos. El silencio, no interaccionar apenas con el exterior cuando nos sumergimos en el agua, el movimiento cíclico de los brazos y la visión monótona del fondo (si es que llegamos a ver algo), es algo muy parecido a una hipnosis.
Así la natación es uno de los mejores deportes para el cerebro. Ya que tiene efectos antidepresivos, efectos relajantes, y nos ayuda a liberar estrés. Nadar mejora la memoria, la capacidad de concentración y enfoque, la claridad y agilidad mental, mejora el estado de ánimo y reduce el estrés.
Todo esto se produce debido a una serie de cambios morfológicos y metabólicos que se producen al estar en el agua, como son:
El cerebro pesa más, aumenta la masa cerebral. El flujo sanguíneo cerebral aumenta. Aumenta en número de conexiones neuronales. Aumenta la producción de neurotransmisores relacionados con el estado de ánimo, y disminuye las hormonas del estrés…

Además de lo dicho antes, tenemos que tener en cuenta algunas curiosidades:
Al practicar la natación, aumenta la diuresis y cambia la composición de la orina. Esto es porque al nadar, se reduce mucho la sudoración, y los productos de desecho producidos durante el metabolismo de los alimentos, solo de desechan a través de la orina. De ahí que cuando estás nadando, te entran muchas ganas de orinar.
Esto hace que en la orina de los nadadores, aparezca la albúmina; a causa de esta sobrecarga renal y de la necesidad de expulsar los productos ácidos resultantes del metabolismo. Así la orina suele ser muy clara, aunque no hayas bebido mucha agua.
Al entrar al agua, se produce una constricción de los vasos sanguíneos de las extremidades y de la piel, desplazando la sangre a los órganos vitales. El organismo interpreta este aumento del volumen de sangre en los órganos como una sobrecarga hídrica, e inhibe la hormona antidiurética, haciendo que orinemos más, para eliminar esta supuesta sobrecarga. Por esto es importante beber durante los entrenamientos, y al acabar; aunque no hayamos sudado.

La natación es un deporte relativamente “barato” de practicar.
Aparentemente, tan solo necesitas un bañador y unas gafillas; algo barato y fácil de conseguir. Los bañadores pueden rondar entre los 20-35€; y las gafillas las puedes encontrar en torno a los 15€. Después para poder nadar, o estas en verano y nadas en el Mar, o tienes que ir a una piscina. Así que tienes que sumar la entrada, que las hay desde los 3€ a los 9 o 10€; o sacarte algún bono mensual, que los precios rondan los 40-90€/mes. Aunque luego te puedes hacer con material auxiliar, tipo palas, aletas, snorkel o tuba, tabla, pull, etc. Y los costes siguen subiendo… Aun así, no es un deporte que necesite material “excesivamente” caro y resulta sencillo de practicar. Se podría decir que está casi al alcance de todo el mundo (salvo los que viven en pequeños pueblos que no cuentan con piscinas de invierno cerca).

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